El robo de la Gioconda

El 21 de agosto de 1911 se produjo el robo de la famosa Mona Lisa, que tardaría dos años en aclararse. Picasso fue sospechoso del robo y llegó a ser juzgado junto al escritor Apollinaire.

Era lunes, el museo estaba cerrado y con la mínima seguridad, solo 150 hombres vigilando 250.000 piezas y sin asegurar los cuadros a la pared. Unos meses antes, un periodista pasó una noche escondido en un sarcófago para mostrar lo escasa que era la seguridad del Louvre.

Picasso de había mudado a París en en 1904, donde conoció al poeta Guillaume Apollinaire y su secretario, Honore-Joseph Gery Pieret. Pieret ya había robado para Picasso dos piezas íberas del Louvre, que le vendió por 100 francos. También había robado otra pieza para Apollinaire, que se encontraba colocada tranquilamente en su repisa.

El diario Paris-Journal había ofrecido una recompensa de 50.000 francos a quien colaborase con la recuperación del cuadro. Pieret se hizo presente en el diario, asegurando que había robado arte del Louvre para dárselo a unos amigos. Teniendo en cuenta que cualquiera podría haberse llevado el cuadro debajo de un sobretodo, a la policía no le resultó extraño y relacionaron estos robos.

Picasso y Apollinaire temían por su futuro, intentaron tirar las figuras al río Sena, pero no pudieron. Apollinaire se personó en la redacción del diario y entregó las estatuas.

Detuvieron a Apollinaire y Picasso fue llamado a declarar, negando ante el juez haber visto nunca al poeta. Aunque ambos tenían arte robado, el juez no vio pruebas de que tuvieran nada que ver con el robo de la Mona Lisa, siendo declarados inocentes.

Dos años más tarde se supo la verdad, Vincenzo Peruggia fue detenido intentando vender el cuadro al director de la Galleria degli Uffizi, quien le delató a la policía. Peruggia  era un antiguo empleado del museo, que pretendía devolver la obra a Italia.

Y Picasso, por más ladrón que fuese, esta vez no tuvo nada que ver...

Deja un comentario